sábado, 26 de agosto de 2017

PORNO-REVOLUCIÓN

 
Pornografía y Revolución
Orlando Luis Pardo Lazo
 
Ya sabemos: el cubano ha sido durante todo un siglo el estereotipo del macho latino calentón y de la hembra latina sabrosona. Nadie es más fogoso que un cubano encuero sobre la cama. O de pie. O en cuclillas. O en cualquier posición. Porque somos candela viva, lo máximo de lo máximo. Somos un orgasmo andante, una bendición para curar de un solo palo la anorgasmia del resto del planeta, el pueblo elegido por dios para seducir y reproducir.
 
Mi pregunta sería entonces: ¿dónde está la pornografía cubana, dónde están nuestras revistas especializadas en el arte de bien gozar, dónde están nuestras sex-shops de imaginación ardiente, dónde están nuestras líneas telefónicas calientes como un negocio onanista contra la soledad, dónde está nuestro cine erótico en tanto arte y dónde nuestras salas eróticas de proyección, dónde están incluso nuestros burdeles legales, en tanto oficio que las sociedades más civilizadas del mundo ya han legalizado y dignificado?

Y aún más: por qué en los sitios de acceso estatal a la internet en Cuba siempre hay un cartel censor donde se asocia que QUEDA TERMINANTEMENTE PROHIBIDO ACCEDER A SITIOS PORNOGRÁFICOS Y CONTRARREVOLUCIONARIOS?
 
La respuesta es muy simple: no están en ninguna parte, ni en el exilio conservador ni en la isla carcomida por un comunismo célibe, tan castrense como castrante. Y no están en ninguna parte por la sencilla razón de que somos un pueblo demasiado pacato, primitivo, provinciano: un país atrapado entre la hipocresía y el despotismo, entre una ideología izquierdista estéril y un infantilismo innato insultante (insulso, insular).
 
El castrismo fue solo la culminación de esta condición crónica: desde los tiempos coloniales, en Cuba no sabemos ni tampoco queremos vivir en la verdad. La mentira ha sido nuestro mejor elemento. El cubano no reconoce ni siquiera a su propio cuerpo. Podrá pasarse la vida haciendo el amor como un loco o una loca, pero nunca se atreverá a preguntarse por qué se pasa la vida haciéndolo. En este sentido, más que loco es un enajenado: una hojita a donde la lleve el viento del poderoso de turno (y, en este sentido, el cubano es un sujeto reaccionario). De ahí tal vez venga esa atracción mitad étnica y mitad etnográfica que los cubanos provocamos en muchos extranjeros. Los atraemos hacia un pasado paradisiaco que ellos nunca vivieron y del cual fueron desalojados cruelmente por el capitalismo.
 
En efecto, acostarse con un cubano es una suerte de bestialismo, pero sin el estigma moral de la zoofilia. Se trata de tener sexo perfectamente genital, al margen de toda complejidad discursiva más allá de la grosería y el gritico común. De hecho, acostarse con un cubano es técnicamente una variante extrema de la pedofilia, pero sin la barrera legal que pende sobre los pedófilos. Pues se trata de penetrar y ser penetrado por un ser casi en estado de inocencia carnal, quien, para colmo de ridiculeces, confía en ser el más calenturiento conquistador o la más cruenta conquistadora.
 
En 1986, por hojear una revista PlayBoy en los baños del preuniversitario donde yo estudié en La Habana, vi expulsar deshonrosamente del Instituto Raúl Cepero Bonilla a dos amigos muy queridos, los dos brillantes estudiantes y gente mucho más decente que sus censores. Ninguno de ellos pudo después retornar nunca a sus estudios, hasta que ambos se tuvieron que exiliar en los años noventa, si es que querían comenzar a vivir una vida real.
 
Sin embargo, en el verano de ese mismo año de 1986, por su cumpleaños número 60, a Fidel Castro le pagaron quién sabe si un millón de dólares por conceder una entrevista exclusiva precisamente a PlayBoy, y el nombre del tirano quedó así impreso a toda leche en la portada de esa revista supuestamente pornográfica y tan penalizada en la Cuba castrista.
 
Y es que nuestro dictador edípico encarnaba en sí al súper-estereotipo del violador de machos y hembras por igual: un cubanófago radical. En este sentido, Fidel fue el fornicador hasta la saciedad de la nación cubana. A todos nos jodió y nos rejodió con su presencia ubicua, omnisciente y omnímoda: con su violencia verbal de bestia paternalista que venéreamente nos infectó de un infantilismo al punto de la imbecilidad. Con su criminalidad libidinosa de Máximo Falo y Vagina en Jefe bajo el mismo uniforme sin cuerpo (sus únicos órganos fueron los órganos de la Seguridad del Estado).
 
Y así seguimos los cubanos hasta el día de hoy. Creyéndonos unos cabrones, cuando no llegamos ni siquiera a la categoría de ciudadanos. Así vamos soñando con el sexo en masa como si fuera nuestra gran redención, cuando no somos más que los tristes siervos de una orgía de organizaciones de masas llamada todavía la Revolución. Así vamos hasta el día de hoy los cubanos: víctimas que nos inventamos ser victimarios, mitómanos y mentirosos al por mayor, elementales como todo rebaño de reprimidos que sienten pánico de la libertad: desde la libertad de los cuerpos al desnudo en privado, hasta la libertad pública del ser social.

PUEDES LEER AQUÍ MI COLUMNA/CALUMNIA EN LA WEB DE CIBER-CUBA: https://www.cibercuba.com/noticias/2017-08-26-u191983-e20037-pornografia-y-revolucion

DE TORRES Y ESTATUAS



 TORRES, ESTATUAS, ESTUPIDEZ Y TOTALITARISMO
Orlando Luis Pardo Lazo

Las dos estatuas que tenían que caer en los Estados Unidos ya cayeron hace muchísimo tiempo, el 11 de septiembre de 2001, cuando en nombre de Alá tumbaron las dos Torres Gemelas del World Trade Center.

Desde entonces, el resto de las estatuas de Nueva York y del resto de la Unión han ido cayendo solas de costa a costa, por inercia o imbecilidad, por ira izquierdista o decrepitud derechista, y, por supuesto, por puro espíritu anti-capitalista de la academia, la prensa y la intelectualidad norteamericanas: todos conspirando a muerte contra el Imperialismo imaginario Made in USA.

Da igual si ahora ponen o quitan las estatuas de los confederados. Da igual si ahora marchan o matan. Porque las dos estatuas que tenían que caer en los Estados Unidos ya fueron tumbadas y bien tumbadas sin que el ejército estadounidense hiciera nada para prevenirlo, excepto la bufonada anti-talibán de dos guerras groseras que destruyeron precisamente la moral del propio ejército estadounidense.

Pueden dejar en pie las estatuas del KKK. Total, si también Lenin y el Ché Guevara tienen sus dos estatuas en los Estados Unidos. Pueden tumbar de su podio de inmigrantes e intereses a la mismísima Estatua de la Libertad. Total, si lo importante es que casi nadie en los Estados Unidos cree que bajo el capitalismo es posible vivir en libertad.

Lo irreversible es que en los Estados Unidos casi nadie cree que en democracia sea posible la libertad. Y por eso todos andan como locos, a la caza cómplice de sistemas alternativos autoritarios o dictatoriales (como Cuba, Venezuela o Irán) a los cuales el intelectual norteamericano entonces le regala su culo de corazón.

Las dos estatuas que no podían haber caído nunca en los Estados Unidos ya cayeron hace muchísimo tiempo, el 11 de septiembre de 2001. No cayeron: Alá en persona se las tumbó y bien tumbadas a los Estados Unidos, como un síntoma definitivo de que hoy ya ha comenzado la gran caída imperial.

A partir de entonces todo ha sido más o menos como una decadencia inercial. Unas estatuas más o unas estatuas menos no importan nada. Las dos que tenían que caer ya cayeron y bien caídas, sin que el país reaccionara a tiempo ante la guerra a muerte que el resto del mundo hace contra los Estados Unidos, su democracia, y su capitalismo mundial.

En Norteamérica pueden seguir tumbando las estatuas de mentiritas desde sus aparentes pedestales de una punta a otra de la Unión. Total, si las estatuas de verdad ya nunca volverán a permanecer de pie en este país. Porque el coda de la democracia y el capitalismo norteamericanos goza hoy de una perfecta salud socialista en plena fase terminal.

Farewell, freedom.



miércoles, 23 de agosto de 2017

DIAZ CANEL NO IMPORTA, A CUBA SOLO LE IMPORTA LA LIBERTAD


[...]

No hemos hecho nada, mientras continuemos con el personalismo de repetir: Miguel Díaz Canel, Miguel Díaz Canel, Miguel Díaz Canel. No hemos hecho nada, mientras nos aterre la alternativa de un Alejandro Castro, Alejandro Castro, Alejandro Castro. No hemos nada, mientras sigamos siendo una masa de pueblo reactiva a lo que hagan o dejen de hacer las cúpulas del castrismo y de la sociedad civil (tan parecidas en su personalismo y su patrioterismo). Tal como nadie ha elegido nunca ni a uno sólo de los Castros, tampoco nadie ha elegido nunca ni a uno sólo de los líderes de la sociedad civil.

Por eso en Cuba no habrá transición de ningún tipo sin un momento pre-político plebiscitario, donde por primera vez en más de medio siglo sea la ciudadanía la que decida y no las élites de poder. Por eso en Cuba es imprescindible la participación ciudadana efectiva, más allá de cualquier liderazgo auténtico o inventado. Por eso en Cuba la democratización no comienza mientras no se convoque a un plebiscito nacional, con el exilio incluido como parte orgánica de nuestra nación, donde el país en pleno pueda decidir si desea seguir oprimido por el único partido político que nos impone la Constitución comunista, o si el país prefiere simplemente comenzar una vida en la verdad en el seno de una sociedad abierta. Sin plebiscito no habrá ni “normalización” ni mucho menos una sociedad normal.

Por eso, antes de andar opinando tanto sobre esa ficción fidelista que se llama Miguel Díaz Canel, tú deberías de estar actuando ahora, esta misma tarde y no mañana por la mañana, para desmontar al Cambio Fraude en Cuba y, entre todos, presionar a nivel local e internacional por una democratización radical de Cuba. Porque si tú decides, por supuesto que entonces Cuba Decide. Ojalá te atrevieras, pues, a dejar a un lado esa retórica ridícula en la que nos enreda el clan de los Castros, y te sumaras ahora y aquí, con tu voz y tu acción en http:///www.CubaDecide.org

Porque, sin un plebiscito democratizante en Cuba, puedes estar convencido de que los cubanos no hemos hecho nada. Y, lo que es mucho más triste para ti (y tus hijos y nietos): sin un plebiscito democratizante en Cuba, puedes estar convencido de que los cubanos no somos nada.