martes, 8 de agosto de 2017

¡Es mi cuerpo, idiota!

Sobre el feminicidio, el negricidio, el homosexualicidio y otros -cidios sin dios
Orlando Luis Pardo Lazo

No tengo una opinión al respecto. Tampoco quiero imponer ni que me impongan una opinión al respecto. No se trata de opiniones aquí. Se trata de actos.

En la especie humana, por el momento sigue siendo la mujer quien pare. Pero antes de parir, después de fertilizar sus gametos con los gametos de un hombre, la mujer porta en su propio cuerpo al otro cuerpo ajeno que ha de parir.

Sin instinto maternal, el embarazo es apenas un tipo de infección. Lo más parecido a una tumoración benigna, por ejemplo, pero de crecimiento atroz. Algo así como incubar a un Alien vivo en pleno vientre. En cualquier caso, una enfermedad de género que debe ser abortada a tiempo para evitar que, sobre los nueve meses, la misma degenere en su sintomatología peor: el parto de otro ejemplar perteneciente en principio a la especie humana.

No estoy siendo irónico. Sólo estoy siendo incisivo. El reclamo de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo no puede ser más legítimo. Nada ni nadie debiera obligarlas a ser portadoras de una carnosidad que, como cualquier sistema parásito, se alimenta insaciablemente de sus recursos vitales: sangre, oxígeno, energía, y un etcétera vital. Y si el precio a pagar es la extinción de la llamada humanidad, no me parece ni mucho menos un escándalo.

Al respecto, la pregunta pertinente a las mujeres es muy simple, por lo que la respuesta pertinente también debería de serlo: al decidir sobre su propio cuerpo, ¿no están también decidiendo sobre el cuerpo de la criatura desconocida que incuban?

Trátese de una ameba, una aguamala, un anfibio, un reptil, un pez o un boceto a medias de ser humano: ¿no se trata siempre de un cuerpo externo colocado en su interior? Entonces, haya ocurrido como haya ocurrido la fertilización, ¿no merece un momento mínimo de consideración ética la inocencia de ese otro cuerpo?, ¿no amerita ni un instante íntimo de misericordia, antes de aniquilar a semejante enemigo que sólo es culpable de su concepción?

No estoy siendo parcial en este tremebundo tema del aborto. En general, nunca tengo ningún tipo de posición a priori sobre nada ni nadie. En este sentido, yo mismo me considero una suerte de Alien a quien por casualidad lo dejaron nacer, en la Cuba revolucionaria de los abortos al por mayor. Tampoco estoy invocando ahora a ninguna religión en particular y mucho menos a un dios más o menos abstracto y general.

Todo lo contrario. Estoy apelando a la lógica de un razonamiento muy básico: si a la mujer, lo mismo que al hombre durante siglos, le asiste el derecho de matar al otro, ¿por qué no matarlo mencionando el acto de matar? ¿Cuál es la pena o el pudor o, aún peor, la pacatería? Es decir, ¿por qué mejor no matar matando? En pleno milenio de la emancipación, ¿por qué jugar de nuevo a las malas metáforas con connotaciones más o menos sociales? Por favor.

Maten, y estén orgullosos de matar. Maten a un matador o una matadora en ciernes. Mata a un espécimen de tu misma supuesta raza o de la raza de al lado. Mata a la continuación o a la refutación de tu supuesta orientación sexual. Mata a tiempo, antes de que lo que no mataste pueda matarte a ti. Es lo más natural de la vida. Ocurre incluso en muchas especies animales. Así que aquí no hay nada que lamentar. Excepto cuando matas con la retórica retorcida de no matar. Por favor.

Estoy plenamente consciente de la hipocresía ante el horror de todas las sociedades humanas, desde las más primitivas de antaño hasta las más altamente tecnificadas de hoy. La ideología es inútil al respecto, pues es casi una cuestión de instinto: sobrevive mejor quien mejor olvida. Y reitero aquí que no tengo una opinión al respecto, que no quiero imponer ni que me impongan una opinión al respecto, porque no se trata de opiniones sino de actos, siendo nombrar es el primero de todos los actos.

Puede que nuestra civilización esté ya en el umbral ecológico y demográfico de su irreversible colapso. Se nos agotan el tiempo y hasta la historia. Es por eso mismo que, al menos a nivel de lenguaje, es hora de que comencemos a nombrar (actuar) sin mediocridades. No hay destino más decadente que no saber siquiera lo que se ha vivido. Esa sí sería la más mentecata manera de matar. La más mierdera para con nosotros mismos.

Asume al otro aunque sea por una vez en tu vida, así sea para erradicarlo.

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